Cada vez más gente se une a la llamada dieta cetogénica o dieta «keto». No se trata de una dieta al uso, de esas con las que estamos acostumbrados a tratar, sino que sus objetivos, además de conseguir la perdida de peso, es obtener el máximo funcionamiento de todo el sistema corporal.

Por NOELIA GÓMEZ

El nombre de dieta cetogénica se vincula a una explicación científica. Bajo los límites y beneficios de esta dieta supondrá que nuestro cuerpo produzca pequeñas moléculas de energía que se llaman «cetonas» o «cuerpos cetónicos». Estas moléculas son un combustible que el cuerpo genera en caso de falta de azúcar en sangre.

Con la dieta cetogénica se busca disminuir los factores de riesgo de determinadas enfermedades, sobre todo, de la diabetes. Su efectividad ha sido demostrada mayor a las dietas bajas en grasas, y no implica el control excesivo de las calorías consumidas.

La alimentación que hay que seguir para la producción de estas moléculas es la siguiente: entonces… ¿Qué comer en una dieta cetogénica? Carne, pescado y mariscos, huevos, grasas naturales y salsas altas en grasas, verduras (de superficie), lácteos altos en grasa, frutos secos y bayas son los alimentos permitidos.

Mientras, en el lado contrario hay bastantes alimentos que no puedes comer en una dieta cetogénica o «keto»: muy pocos carbohidratos y cantidades moderadas de proteínas, evitando cualquier tipo de alimento basado en azúcar. Ejemplos de alimentos a evitar en esta dieta: pan, pasta, arroz, patatas…

Con respecto a qué beber, lo ideal es hidratarse de forma regular a lo largo del día con agua, aunque también se puede combinar con café o té. En cualquier caso sin edulcorantes y una cantidad moderada de leche.

En lo que tiene que ver con el alcohol, es posible tomar una copa de vino de vez en cuando. Sin embargo, no es recomendable la cerveza ni el resto de bebidas alcohólicas altas en carbohidratos.

Con esta alimentación, tu cuerpo entra en un estado de provisión de energía, de tal manera que los niveles de insulina se reducen y se quema la grasa, de forma radical. La producción en el hígado de cetonas, a partir de esta quema de grasa, genera altos niveles de combustible para el cerebro, que solo se alimenta con glucosa o cetonas, en su defecto.

La producción de estas moléculas es más eficaz a través del ayuno. Como no es recomendable someter al cuerpo a este castigo, el ayuno en una dieta cetogénica debe ser intermitente. Ello implica que la mejor opción en la dieta cetogénica sea ayunar de 14 a 16 horas, puesto que nuestra fisiología en realidad se encuentra más orientada a prolongar el ayuno nocturno y a hacer únicamente dos o tres comidas al día.

Ayuno intermitente, ¿sí o no?

Sin embargo, hay que tener en cuenta que realizar ayuno intermitente no es para todos y que se puede hacer la dieta cetogénica sin ayunar. De la misma manera no todo el mundo puede hacer la dieta cetogénica, caso de personas que estén tomando medicamentos para la diabetes o la hipertensión. De hecho, el perfil más apto para esta dieta es el de un adulto con sobrepeso pero sin sufrir de problemas graves de salud.

Para aquellos cuya salud les permita mejorar a través de la cetosis, se encontrarán con beneficios enormes. Además de perder peso, muchos otros como los siguientes: control de apetito, energía constante, mayor control mental, control de la glucemia y corrección de la diabetes tipo 2, reducción de problemas digestivos, mayor resistencia física, reducción de posibles ataques epilépticos, control de la presión arterial o la reducción de las migrañas y del acné.